¿Quién soy?
Soy Ana Olguín Quiñones, nací en Chile, tierra de montañas, océano y raíces profundas que moldearon mi sensibilidad y mi forma de comprender la vida.
Actualmente resido en Girona, Cataluña, donde acompaño procesos de bienestar emocional y crecimiento personal desde una mirada terapéutica integrativa, consciente y profundamente humana.
Mi historia desde el alma
Mi camino comenzó en la danza, mi primer lenguaje y escuela de autoconocimiento. El movimiento me enseñó desde niña a escuchar el cuerpo, reconocer emociones y expresar lo invisible. Con el tiempo comprendí que mi sensibilidad era también una herramienta de comprensión profunda del mundo interno y de las personas. Ese descubrimiento dio origen a un recorrido de formación profesional terapéutica sostenido durante muchos años, en el que me especialicé en enfoque sistémico, acompañamiento emocional, terapia floral y aromaterapia aplicada al bienestar integral. Actualmente me encuentro cursando la carrera de Psicología, profundizando científicamente los procesos que acompaño en la práctica terapéutica.
Mi marca y mi identidad se llaman Antay, que significa luz interior y conexión con la esencia más profunda de cada persona. Para mí, Antay representa más de 13 años de dedicación, crecimiento y compromiso con la sanación integral, siendo un espacio que fusiona sensibilidad, profesionalismo y amor en cada proceso terapéutico que acompaño.
Mi formación ha sido continua, vivencial y rigurosa, integrando conocimientos terapéuticos, sistémicos y energéticos que hoy sostienen mi práctica profesional. Gracias a este camino puedo ofrecer acompañamientos personalizados, respetuosos y seguros, donde cada proceso es honrado desde su singularidad, su historia y su ritmo.
Acompaño a personas que desean comprender sus emociones, sanar heridas profundas, liberar bloqueos internos y reconectar con su equilibrio natural. Trabajo desde una visión que integra cuerpo, mente, emoción y sistema familiar, porque creo firmemente que la verdadera transformación ocurre cuando nos miramos de manera completa y consciente.
Desde hace más de cinco años elaboro sinergias personalizadas de esencias florales, aceites esenciales y brumas terapéuticas, formuladas como apoyo para procesos emocionales, físicos y energéticos. Cada preparación es única y nace de una escucha profesional, intuitiva y comprometida con el bienestar de quien acompaño.
Confío profundamente en la capacidad innata del ser humano para transformarse, en la sabiduría que emerge al mirarnos con honestidad y en el poder de un espacio terapéutico donde simplemente podemos ser. Soy madre de tres maravillosos seres y compañera de vida de un gran hombre, pilares esenciales de mi camino y fuente constante de inspiración.
Sanar es volver a casa: a tu cuerpo, a tu historia, a tu verdad.
Trabajo desde una mirada integrativa y sistémica que contempla al ser humano en su totalidad: cuerpo, mente, emoción, historia personal y sistema familiar. Cada acompañamiento es personalizado, respetuoso y profundo, orientado a facilitar procesos reales de conciencia, liberación emocional y transformación interna.
Acompaño procesos terapéuticos porque creo profundamente en la capacidad humana de transformarse cuando es mirada con presencia, respeto y amor. Mi vocación surge de una comprensión profunda, personal y profesional, del poder que tiene comprender la propia historia, sanar las heridas emocionales y resignificar la experiencia vital.
Mi vocación nace de esa certeza: cuando una persona se reencuentra consigo misma, recupera su fuerza, su claridad y su verdad interior. Ser testigo y sostén de ese proceso es para mí un acto de sentido, servicio y coherencia con quien soy.
En Antay, mis valores guían cada acompañamiento: la presencia consciente, el respeto integral y la transformación con sentido. Creo profundamente en la escucha auténtica, en honrar la singularidad de cada persona y en acompañar cada proceso con amor, coherencia y sensibilidad. Estos valores son el corazón de mi práctica y la esencia de cada sinergia terapéutica que creo.
Acompañar cada proceso con atención genuina, escucha profunda y respeto auténtico.
Valorar la singularidad de cada historia, emoción y experiencia, garantizando confidencialidad, ética y cuidado emocional.
Facilitar el crecimiento personal desde la conciencia, el amor, la coherencia y la profundidad, integrando sensibilidad como fortaleza terapéutica.